Haceme reír
Haceme reír | Fernando Schmidt

"Hoy un sketch de 15 minutos, como en los viejos programas rioplatenses, es impensable"

Fernando Schmidt es guionista, libretista, dramaturgo y escritor. Es, en resumen, alguien que trabaja generando textos que buscan hacer reír

22.11.2019 11:37

Lectura: 11'

2019-11-22T11:37:00
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Cuando uno piensa en exponentes del humor, lo primero que aparece en la mente son "caras conocidas". Gente que ha logrado su popularidad arriba de un escenario, delante de una cámara o de un micrófono (en este caso sería una voz conocida).

En muchas oportunidades, estas personas están interpretando textos escritos por alguien más. No estamos aquí para quitarle importancia al trabajo de interpretación ni mucho menos. Pero sí estamos aquí para reconocer el arduo trabajo de hacer reír, y muchas veces el que suda la gota gorda se encuentra recluido en su hogar, preparando el siguiente guion humorístico.

Uno de estos nobles trabajadores sí logró cierto reconocimiento, tanto que para mucha gente es "el guionista de Antonio Gasalla", así como Eduardo Barreto era "el dibujante de Batman". En ambos casos la afirmación era, si no falsa, bastante reductiva.

Fernando Schmidt nació en Montevideo en 1965. En su carrera ha escrito para un montón de programas de Argentina y Uruguay, que incluyen (por supuesto) El Palacio de la Risa. Algunos eran programas de sketches, otros eran programas que incluían alguna pincelada de humor y allí estaba este artista multitarea.

También escribió varias obras de teatro, guiones de cine, libretos de Carnaval y otros textos que alguna vez fueron recopilados en el libro Nadie es proxeneta en su tierra. Título casi inconseguible del que (por supuesto) tengo una copia.

El clásico formato de la entrevista en profundidad, que nos acompañó durante las pasadas -una- ediciones, muta en formulario de preguntas y respuestas por correo electrónico. Esto tiene aspectos positivos: impide los tres o cuatro párrafos en los que se describe lo que el entrevistado pidió en el bar o (fundamental) la forma de mover las manos durante sus alocuciones.

Además, me permitió amontonar un montón de pequeñas preguntas acerca del oficio, que en definitiva es lo que busca explorar este espacio. Tantas, que recibí un "es el cuestionario más largo que me hicieron en toda la vida".

¿Qué función tiene el humor dentro de tu vida, más allá del trabajo?

Es una forma de sobrellevar la vida. El humorista gráfico español Forges decía que el humor son los lentes del sentido común. Yo creo que son también los lentes que nos ponemos los cobardes para que no nos peguen. Lo he convertirlo en mi profesión, por eso cuando digo que no podría vivir sin el humor, lo digo en el sentido más literal de la expresión.

¿Cuándo te diste cuenta de tu capacidad para hacer reír?

Trabajando en una transmisión deportiva radial encabezada por Néstor Moreno. Cubría canchas y, buscando corregir la miopía periodística, me probé los lentes de Forges. Los comentarios fuera de lugar divertían a mis compañeros y Néstor, que fue muy generoso conmigo, me dio otro lugar en la transmisión, para hacer humor e iniciar un camino sin retorno.

¿Elegiste canalizar el humor a través de la escritura o llegaste después de descartar otros canales?

Mi timidez y la incapacidad para improvisar no me dejaron opción. Aun cuando hacía aquellos comentarios en Fútbol con toda el Alma, en CX 30, necesitaba escribirlos antes de salir al aire.

¿El humor que consumís es igual al humor que escribís? ¿En qué se diferencian?

La risa se consigue desde la sorpresa, por eso creo que lo que más me hace reír no está tan emparentado con mi creación. Me hacen reír otros puntos de vista y todo lo que soy incapaz de hacer, por eso, lamentablemente, me paso riendo. Hoy está Netflix, pero hasta ayer me dormía escuchando monólogos de Luis Piedrahita o las grabaciones de Tangalanga.

Si no estás presente a la hora de que un actor o intérprete enuncie tus textos ¿cómo hacés para reducir el riesgo de que sean malinterpretados (o mal interpretados)?

Trato de marcar las intenciones y de guiar la puesta desde el guion, cuidando de no invadir otros rubros. Al guionista no le corresponde indicar planos ni movimientos de cámara, pero su escritura tiene que ser muy orientadora al detallar cada escena. De todas maneras, si no podés estar en la primera lectura, lo más recomendable es que tampoco veas el resultado.

¿Cómo se mide la vara en términos de exigencia cuando las entregas de trabajo son diarias?

Los deadlines te vuelven más profesional y menos exigente. No podés tener el mismo rigor con un programa televisivo diario que con una obra teatral o con la décima versión de un largo cinematográfico. Hay veces en que haber entregado a tiempo se convierte en el único mérito, pero ese cumplimiento es el que te va a dar la oportunidad de redimirte al día siguiente.

¿Cuál es el momento más disfrutable de todo tu proceso creativo?

Escuchar las risas es el clímax, pero hace tiempo aprendí a disfrutar del proceso, del camino que va de la idea al guion, sin importar lo que escriba ni para quién lo haga.

Cuando te surge una idea original, ¿cómo decidís en qué formato plasmarla?

Casi siempre surgen de una búsqueda orientada al proyecto en el que estoy trabajando.

¿Hay algún formato que sea tu favorito?

Me gusta el sketch televisivo. Por mucho tiempo escribí este formato y cuando quise desarrollar historias, por deformación, tendía al cortometraje. Por eso, para construir historias, siempre es útil el paradigma clásico de guion.

¿Tenés bloqueos creativos? Si fuera así ¿existe alguna fórmula secreta para derrotar a la página en blanco?

Más que bloqueos, tengo limitaciones asumidas, que trato de superar con trabajo. Siendo tu propia herramienta no tenés más remedio que conocerte y aceptarte. La imaginación es un músculo que hay que desarrollar y tonificar.

¿Qué tan importante es el personaje al que le pasan las cosas en uno de tus textos, con respecto a las cosas que le pasan a ese personaje?

La solidez del personaje es fundamental en cualquier género y hay que conocerlo, aunque no lo dominemos. Al dramaturgo italiano Pirandello, durante un ensayo, una actriz le preguntó por una incongruencia en el personaje que debía interpretar y él le respondió: "¿A mí qué me dice? Yo solo soy el autor".

¿Qué elementos, más allá de tiempo y dinero, hacen que rechaces una propuesta laboral vinculada a escribir humor?

Si el humor es el fin, no habría otro impedimento. Si ese humor es un medio para transmitir alguna idea, tendría que adherir a ella.

¿Qué pasa cuando llega la devolución de quien te pidió el texto y parece no tener la menor idea de lo que hace reír a la gente? ¿Se aplican los cambios sabiendo que el resultado final va a sufrir?

Todo depende... Del medio, del lugar que ocupe esa persona, de cuanto necesites ese trabajo...

¿Qué herramientas incorporaste después de hacer cursos y talleres? ¿Hubo algún tip que te volara la cabeza?

Lo más útil que aprendí, y que trato de transmitir, es que escribir es reescribir.

A la hora de ser vos el responsable de un taller, ¿qué cosas sentís que vuelan la cabeza de los alumnos?

Dicto un taller práctico donde comparto el método que yo empleo para transitar desde la idea a un guion integral. Les sorprende comprobar lo parecidas que suelen ser nuestras ideas primarias, y lo originales que podemos llegar a ser partiendo de lugares comunes.

En Carnaval, ¿se puede trabajar sin que esté el "Concurso" como una espada de Damocles?

Creo que ya no. De todas formas, no lo veo como un impedimento sino como un desafío.

¿Qué censura es más fuerte, la propia, la del medio o la de los anunciantes del medio?

La única censura infranqueable es la propia.

Hace muchos años le masdaste una carpeta con materiales a Gasalla, para probarte como guionista. ¿Qué contenía?

Incluía textos de carnaval, de una obra teatral y de sketches que había escrito para "Plop". Ningún material que se ajustara a lo que él hacía.

¿Qué tiene Antonio Gasalla que no tienen otros actores y humoristas, a la hora de sacarle el jugo a un texto ajeno?

Es un genio y, como tal, no es fácil de definir. Maradona hacía jueguito con las naranjas que les tiraban desde la tribuna y hacía magia y enloquecía al mundo entero. Gasalla es igual, podías pasarle una pelota, una naranja o un ladrillo, que él igual hacía jueguito y maravillaba a todos.

¿Cómo sería el programa de televisión ideal que te gustaría guionar?

Tendría muchos guionistas, entre ellos un tal Nacho Alcuri, a quien admiro y con quien nunca tuve el privilegio de trabajar. El formato surgiría de ese encuentro de talentos y sensibilidades (nota del redactor: La pucha. Gracias, Fernando).

¿Hay algún formato o medio en el que no hayas trabajado y que sentís como una cuenta pendiente?

He trabajado poco para plataformas online y redes, pero no lo siento como un debe.

¿Cuál considerás el mejor momento de tu carrera? (hasta ahora, claro)

El actual es un buen momento, trabajo en tres programas de la televisión nacional, volví a libretar para carnaval, escribo una miniserie para Chile y, junto a Christian Ibarzabal, realizamos el guion de una película, una coproducción entre España y Argentina.

Otro momento significativo fue hace casi 30 años cuando pisé un escenario teatral por primera vez para interpretar mis textos. Hacíamos "El humor en los tiempos del cólera" con Franklin Rodríguez y Marcos Molina, fue el espectáculo que me abrió las puertas de la televisión.

Varias veces te separás del rótulo de "escritor". Sin embargo, tenés un libro editado (el mencionado Nadie es proxeneta en su tierra), que en su momento me pareció rupturista tanto por el formato como por el contenido. ¿Cómo se concretó ese proyecto?

Lo mío son los guiones, que es una escritura efímera y funcional, nada más lejos de la literatura. Los textos que componen el libro que mencionás son, en su mayoría, fragmentos de espectáculos teatrales y de guiones televisivos. Lo había llevado a la editorial Fin de Siglo y no les interesó, entendían que no había público para ese tipo de material. Tiempo después se acercaron de una pequeña editorial y lo concretaron a la brevedad, sumando ilustraciones de Alejandro Sequeira y una original encuadernación que respondía a la necesidad de resolver la edición en un tiempo récord.

¿Sacarías un nuevo libro con tus textos? ¿Por favor?

Tendría que ponerme a escribir, creo que ya no publicaría una compilación de textos.

¿Cambia mucho lo que resulta gracioso en Argentina, Chile o Uruguay?

El humor como construcción cultural exige una sensibilidad común que nos conecte. Se dice que lloramos por lo mismo, pero nos reímos de cosas diferentes.

¿Cambia, a la hora de escribir, saber que los presupuestos de producción en otros países pueden ser mucho mayores a los de acá?

El presupuesto siempre condiciona.

Con la multiplicación de contenidos en Internet y streaming, ¿seguís pensando que la televisión es un medio invasivo y por lo tanto hay que tener mucho más en cuenta al receptor a la hora de escribir?

Considero invasiva la televisión abierta y para abonados, las plataformas de streaming suponen otro vínculo emisor-receptor.

Antes escribías un guion televisivo y prácticamente no volvía a verse. ¿Cambió tu forma de trabajo en la era de YouTube y contenidos a demanda que permanecen por el resto de la eternidad?

Lo único que ha cambiado es la capacidad de atención del receptor. Hoy un sketch de 15 minutos, como proponían los viejos programas rioplatenses, es impensable. La necesidad de captar al televidente obliga a desarrollar otro tipo de escritura y estrategias narrativas.

¿En qué notás que ha cambiado tu forma de escribir con el correr de los años?

Lo que ha ido cambiando son los programas para los que trabajé y los emisores de mis textos. Al incursionar en las artes escénicas la tentación es transgredir, en el caso de la televisión el desafío es adaptarte.

Ignacio Alcuri