Pantallazo
Herida profunda

El 25 de enero se estrena “Las grietas de Jara”. Conversamos con la autora de la novela homónima

Claudia Piñeiro nos contó detalles de este thriller-psicológico adaptado a la gran pantalla, que cuenta con las actuaciones de Oscar Martínez y Joaquín Furriel.
21.01.2018 09:06

Leonor, una joven y atractiva mujer, llega al estudio de arquitectura Borla y asociados buscando a Nelson Jara. Tanto Mario Borla como su socia Marta Hovart y Pabló Simó, el arquitecto más antiguo de la constructora, aseguran desconocer ese nombre por completo. Pero todos mienten.

Pronto comenzará a revelarse la verdad a través de los recuerdos de Simó, quien hace tres años se encargó de ese caso personalmente a pedido de Marta y bajo la aprobación del propio Mario Borla.

Pablo tuvo que lidiar con Nelson Jara, un indignado propietario del edificio lindante a una obra del estudio, damnificado por una grieta en la pared de su living provocada por un error en la construcción.
Pero el temor que provoca en los tres involucrados la llegada de Leonor y su pregunta "¿Qué pasó con Nelson Jara?", evidencia un secreto oscuro.

¿Podrá Pablo salir de su frustración profesional y llegar algún día a realizar el sueño de construir su propio edificio dibujado hasta el hartazgo? ¿Logrará escapar de ese matrimonio infeliz con su mujer? ¿Podrá amar a alguna de las mujeres que pasan por su vida? ¿Podrá librarse de su culpa por lo que hicieron a Nelson Jara, cuando aparentemente por accidente cayó en los cimientos de la obra en construcción encontrando la muerte?

Conversamos con Claudia Piñeiro, autora de la novela homónima Las grietas de Jara, adaptada al cine por el director Nicolás Gil Lavedra.


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Nuevamente uno de tus libros se convierte en película. ¿Cómo fue la adaptación?

El guionista y el director me pasaron lo que hicieron y me gustó. Siempre es una sorpresa ver cómo alguien lee tu novela y cómo elige contarla después. La novela empieza con una develación muy importante que en la película se guarda hacia el final. Entonces es como que cada uno decide contarlo de manera diferente.

El director, Nicolás Gil Lavedra, es hijo de tu pareja. ¿Fue difícil trabajar en familia?

No, porque hay que separar las cosas. Uno tiene que trabajar independientemente de la relación familiar. Incluso yo trataba de que no habláramos cuando estábamos en eventos familiares sino programar reuniones para hablar de trabajo. Acá una es la autora de la novela y el otro es el director y en la vida privada somos familia, pero si no se separan las dos cosas se complican las relaciones.

Imagino que cambia muchísimo la perspectiva de estar vos sola con tu imaginación a punto de convertirla en libro, al proceso de adaptación cinematográfica donde se trata mucho más de un trabajo en equipo...

En el cine me parece que hay muchas personas poniendo su cuota en la creación de algo nuevo. En el caso de la novela estás vos sola con la historia. En el caso del cine no solo el director pone su perspectiva, sino que cada actor añade cosas nuevas. Por ejemplo, en el caso de Oscar Martínez se le ocurrió hacer un Nelson Jara que a lo mejor no es como yo lo había imaginado, y eso le sumó muchísimo. Físicamente le agregó cosas que le hicieron muy bien al personaje. En general suele suceder cuando son personajes encarnados por grandes actores. Me pasó también con Betibú, que fue otra de mis novelas adaptadas a cine, que el personaje de Jaime Brena era Daniel Fanego, físicamente no se parecía en nada al que yo me había imaginado, pero hizo una composición tan buena que a partir de ahí el Jaime Brena que yo imagino es Fanego.

¿Qué disparadores te ayudan a crear estos personajes? Hablabas del personaje de Oscar Martínez y ahora pienso en Joaquín Furriel encarnado a Pablo Simó, un hombre completamente estancado que tiene que cambiar algo en su vida si quiere avanzar.

Yo siempre arranco de una imagen disparadora. Y la imagen disparadora era la de este personaje, Pablo Simó, dibujando un edificio en este estudio de arquitectura en el que trabaja hace mucho tiempo. Un edificio que sabe que en ese estudio no lo van a hacer porque solo hacen construcciones rentables y esa construcción no es rentable, tiene más que ver con el diseño. Al mismo tiempo mira de reojo a una compañera de trabajo y se hace los ratones con esta compañera. Aunque está casado hace muchos años y tiene una hija adolescente piensa "No tengo motivos para divorciarme, pero si mi mujer se muere probaría algo con esta mujer", esa cosa del que no se atreve a cambiar porque no encuentra la excusa, pero puede imaginarlo. Ese fue el disparador, pero no estoy segura de dónde vino. Es como cuando soñás, que no sabés de dónde salió esa imagen. La realidad es que me aparece la imagen y no sé muy bien por qué, pero creo que es bueno no develarse a uno mismo de dónde sale el disparador, porque si no empezás a encontrar los hilos.

El título incluye la palabra "grieta", que temporalmente no tendría relación con la actualidad política argentina porque el libro lo escribiste en 2008. ¿Pero fue gratuita?

Esa palabra apareció cuando escribí la novela, que en Argentina ni se usaba la palabra "grieta" y ahora se usa todo el tiempo. Pero la elegí como cualquier otra. Alguien me dijo "Qué título actual", pero la realidad es que lo elegí mucho antes de que se empezara a usar. Lamentablemente la política se apropia de palabras. Grieta es una. Yo escribí la novela y cuando le fui a poner un título para mí era La grieta, pero en 2007 ganó el premio Nobel Doris Lessing, que entre sus novelas tiene una que se llama La grieta, entonces no podía ponerle el mismo título. Así que por eso decidí cambiarlo y ponerle Las Grietas de Jara, por uno de los personajes, pero muy lejos estaba la grieta de los argentinos en ese momento (risas).

Desde luego en el libro y en la película, la "grieta" tiene un valor mucho más profundo, desde la hendidura en sí en una pared, hasta las fisuras en la vida de los personajes...

Claro, son las grietas que tenemos todas las personas, y si decimos que no tenemos grietas en nuestra vida es falso.

Es un thriller-psicológico. Hay una tendencia al alza en la creación de películas de este género en la región. ¿Cómo te sentís al formar parte de esta "nueva era", por llamarla de alguna manera?

Tiene como decís vos personajes psicológicos, pero también se cuenta una acción, un cine que cuenta una historia. Quizás una característica que tienen mis novelas, que algunos se preguntan "¿Son policiales o no son policiales?", es que se cuenta mucho desde la psicología de los personajes, entonces según por qué plano le entrás, se entiende desde la línea policial o desde la línea psicológica. A mí me parece que van de la mano y me gusta contar las historias así. Creo que ya no se pueden terminar de entender los relatos de enigma al estilo de Sherlock Holmes y Agatha Christie sabiendo solamente quién lo mató y por qué, sin entender su estructura de personalidad.